Historia del rey David (II de II)

David0200El rey Saúl murió en una batalla combatiendo contra los filisteos: Viéndose rodeado por los arqueros enemigos y sabiendo que no tenía escapatoria porque todos venían contra él, dijo a su escudero: “Saca tu espada y traspásame para que no me maten ellos” Pero su escudero no se atrevió a obedecer, entonces, tomando Saúl su propia espada, se dejó caer sobre ella y murió.

David0201Tras la muerte de Saúl, David, aconsejado por Yahvé, se marchó a vivir a Hebrón, en el territorio de Judá. Cuando se enteraron los habitantes de aquellas tierras fueron a su encuentro y le ungieron como rey de Judá; pero los antiguos seguidores de Saúl no estuvieron conformes y se enfrentaron a David en otra larga guerra de la que salió victorioso nuevamente David, porque Dios estaba con él. Al final, después de tantas luchas, las tribus de Israel admitieron la autoridad suprema de David y, viniendo a Hebrón los ancianos representantes de todas ellas, le ungieron y le reconocieron como rey de todo Israel. Tenía treinta años, y reinó durante cuarenta años.

Lo primero que hizo tras su nombramiento fue establecer la capital del reino en Jerusalén Aún hoy día Jerusalén sigue siendo la capital de Israel, y trasladó a esta ciudad el Arca de la Alianza. Fue enorme el júbilo que vivió todo Israel en aquel día, y el propio David marchaba delante del Arca cantando y danzando cuando la traían en procesión hasta Jerusalén.

David0202David se instaló en la Casa Real construida para él, y enseguida pensó en edificar un templo que fuera como la casa de Dios, un lugar adecuado para el Arca de la Alianza porque la había depositado en un sitio fortificado que se llamó “La Ciudad de David” y colocado dentro de una tienda que era como un recuerdo del tabernáculo del desierto, pero él pensaba que la infinita Majestad de Yahvé se merecía mucho más. Anunció este propósito al profeta Natán, su sabio consejero, que estuvo de acuerdo; pero aquella misma noche Natán tuvo una revelación de Yahvé: “Anda y dile esto a David, mi siervo: Mi casa la edificará un hijo tuyo que será también rey se refiere a Salomón, yo seré para él como un padre y él será para mí como un hijo, y no apartaré de él mi misericordia. Continuará tu reinado que ya será para siempre, tu trono que durará para toda la eternidad” En estas palabras de Dios también está contenida la promesa del Mesías, Jesucristo, descendiente de David y por eso llamado “Hijo de David”, cuyo reino es continuación de aquel y no tendrá fin. El Señor sigue preparando a Israel para la venida del Mesías, que reinará definitivamente, no solo en los pueblos, sino más bien en los corazones de aquellos hombres y mujeres que lo quieran acoger y les traerá la paz y la salvación eterna.

Tras escuchar las palabras que Natán le transmitía de parte de Dios, David exclamó agradecido: “¡Mi Señor Yahvé!, ¿Quién soy yo y quién es mi casa para recibir tantas mercedes de Ti? ¡Qué grande eres Oh, mi Señor Yahvé! Ya que así lo quieres, bendice la casa de tu siervo David para que llegue a ser como Tú deseas”.

No creas que el reinado de David fue fácil; tuvo que combatir en muchas ocasiones. Además de contra los filisteos, combatió contra David0203los sirios, los edomitas, los amonitas; contra los partidarios de Saúl, como ya hemos dicho, y hasta contra uno de sus hijos que se llamaba Absalón y que trató de derrocarlo de su trono de Jerusalén, pero Yahvé siempre daba la victoria a David, aunque no sin esfuerzo. Le entristeció mucho tener que luchar contra su hijo Absalón porque este había formado un gran ejército que presentó batalla al de David. El rey, como tenía corazón de padre, dijo a sus jefes y capitanes que, aunque obtuvieran la victoria, respetaran la vida de su joven hijo, pero cuando la contienda estaba llegando a su fin, Absalón se vio perdido y se alejó montado sobre un mulo; algunos lo siguieron y, durante la carrera, Absalón pasó por debajo de una gran encina y se enredaron sus cabellos en las ramas, de modo que se quedó suspendido en el aire por los cabellos. Los que lo seguían le hirieron con flechas y allí colgado murió. Enterado David de la muerte de Absalón le lloró por mucho tiempo.

David0204Una tarde, paseaba David por la terraza de su Casa Real y desde allí vio a una mujer que estaba bañándose y era muy hermosa. Se interesó por ella y le respondieron: “Es Betsabé, la mujer de Urías, uno de tus capitanes” El rey, se dejó arrastrar por la pasión y, cegado por el deseo de poseerla, adulteró con ella y luego trazó un malicioso plan: Escribió una carta al jefe del ejército donde estaba Urías diciéndole: “En la próxima batalla pon a Urías en el punto donde la lucha sea más dura, y cuando el combate esté más violento retiraos y dejadle solo para que caiga muerto” Y así fue; Urías, que era un valiente capitán, murió combatiendo por su rey sin sospechar siquiera la trampa mortal en donde este le había situado. David tomó a Betsabé, mujer de Urías, por esposa después del periodo de duelo y ella le dio un hijo.

Pero estas cosas no pasan desapercibidas para Dios, quien le envió de nuevo al profeta Natán para decirle: “Quiero que juzgues esto que te voy a decir: Había en una ciudad dos hombres, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y muchas vacas, y el pobre solo tenía una pequeña oveja que había comprado y criado junto a él; hasta comía de su pan y bebía de su vaso. Por las noches dormía junto a él y le daba calor; la quería como si de una hija se tratase. Un viajero llegó a casa del rico, y, no queriendo este desprenderse de ninguna de las suyas para dar de comer al huésped, cogió la ovejita del pobre y la mató para preparar con su carne la comida” David, se indignó al escuchar el relato y exclamó: “¡El que hace una cosa así es digno de muerte!”

Natán dijo entonces a David: “¡Tú eres ese hombre!; con tanta gloria y tantos dones como te ha concedido Yahvé, ¿por qué has hecho lo que es malo a sus ojos? Has causado la muerte de Urías para poder tomar a su mujer; por eso te digo que el hijo que te ha nacido de ella morirá”

Al poco tiempo el niño enfermó severamente. Entonces David se dio cuenta de su grave pecado y rogó a Dios por el niño ayunando, durmiendo en la tierra y recogiéndose en intensa oración que mostraba a Yahvé su arrepentimiento sincero. De este momento se guardan escritas las oraciones que, afligido, dirigió al Señor y que constituyen un verdadero canto de penitencia, a la vez que dejan ver la confianza tan grande que David tenía en la infinita misericordia de Dios. Sin duda que a Jesús le agradará vernos rezar estos salmos igual que David, cuando le hemos ofendido y le pedimos perdón. Dicen así:

¡Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa!

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

¡Oh Dios! Crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu de rectitud.

No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo espíritu.

Señor, me abrirás los labios y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Aunque el niño murió como había profetizado Natán, David aceptó sin quejarse la voluntad de Dios, pero Yahvé se conmovió con el sincero arrepentimiento del rey y por medio de Betsabé le dio un nuevo hijo que vendría a ser muy importante y se llamó Salomón.

David murió siendo viejo y dejó su trono en manos de su hijo Salomón, al que aconsejó en sus últimos momentos: “Sé fiel a Yahvé, tu Dios, hijo mío; ve por sus caminos y guarda sus mandamientos como están escritos en La Ley de Moisés, de manera que cumpla Yahvé su palabra, la que a mí me ha dado, diciendo: Si tus hijos siguen su camino ante Mí en verdad y con todo su corazón y toda su alma, no te faltará jamás un descendiente sobre el trono de Israel”

David0205Una de las devociones más piadosas, que podemos tomar del rey David, son sus oraciones a Dios, que componía para ser recitadas y cantadas en diversas ceremonias usando instrumentos musicales de cuerda como el salterio o el arpa. Son los salmos, como por ejemplo el que hemos leído antes. Son cantos de alabanza a Dios, o de esperanza en Dios; otros son de agradecimiento, otros de arrepentimiento por los pecados o para suplicar gracias a Dios; y otros tienen contenido profético, como el impresionante salmo 22 que describe el sufrimiento que tuvo Jesús en la cruz, nada menos que diez siglos antes de que ocurriera y dice así:

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?...

Cuantos me ven se burlan de mí, abren los labios y menean la cabeza.

“Se encomendó a Yahvé –dicen-; que Él lo salve”…

Me rodean como perros, me cerca una turba de malvados;

Han taladrado mis manos y mis pies. Y puedo contar todos mis huesos.

Ellos me miran y contemplan. Se han repartido mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica.

David0206¿No es esto lo que ocurrió cuando crucificaron a Jesús? Si lees la pasión del Señor en los Evangelios encontrarás que estos hechos sucedieron así.

Vocabulario

Adulterio: Unión carnal ilegítima de hombre con mujer siendo uno de los dos casado o ambos

Afligido: Tiste, dolido, sin consuelo

Derrocar: Quitar el poder y expulsar de su trono de rey

Hisopo: Palo corto, o mango metálico que, mojándolo, sirve para asperger el agua en los templos e iglesias

Holocausto: Sacrificio en el que se mata a un animal y se quema su carne completamente en un altar ofreciéndolo a Dios

Mercedes: Detalles de amor, favores, gracias, regalos

Para la catequesis

  • ¿Contra qué mandamiento o mandamientos pecó David al adulterar con la mujer de Urías? ¿Qué consecuencias se derivaron de aquello?
  • ¿Qué hizo David al reconocer la gravedad de lo que había hecho? A pesar de tan grave pecado ¿le perdonó Dios?, ¿por qué? ¿Qué Debemos hacer si nos vemos pecadores ante Dios?
  • Los Salmos de David son oraciones llenas de piedad y belleza. Jesús, la Virgen y san José los conocían y rezaban. Aún hoy día se siguen rezando con devoción en la Iglesia; muchos se recitan en la Santa Misa cuando, en la liturgia de la palabra, el lector dice: “Salmo responsorial:”. Pide a tus padres o al sacerdote que te enseñen alguno más.
  • ¿Por qué decimos que el Mesías es hijo de David?
 

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