«Sí, la civilización del amor es posible, no es una utopía. Pero solo es posible si volvemos constantemente y con fervor nuestro rostro hacia Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, del que toda paternidad toma el nombre en los cielos y en la tierra (Ef 3, 14-15), de quien procede toda familia humana» (Juan Pablo II, Carta a las familias, 2 de febrero de 1994, n. 15). Así pues, la civilización del amor nace y se desarrolla en la familia.




